Desde que se adoptó esta tecnología, el número de cervatillos rescatados ha pasado de unos 10-15 al año a entre 300 y 350. La tecnología ha agilizado y optimizado el proceso de rescate, al tiempo que ayuda a los agricultores a limpiar sus campos de forma segura.

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Cada primavera, miles de cervatillos mueren atropellados por la maquinaria de siega tras quedarse instintivamente inmóviles ante una amenaza. Los drones utilizan cámaras térmicas y GPS para localizar a los animales, lo que permite a los voluntarios retirarlos antes de que comience la siega; además, los drones también ayudan a detectar crías de liebre y aves que anidan en el suelo.