Tradicionalmente, el ayuno nos ayuda a detenernos y reflexionar sobre nuestra relación con Dios y con los demás. Como enseñó Jesús (Mateo 6:16-18), el ayuno no consiste en parecer más espiritual, sino en la humildad y la transformación. El ayuno nos cambia a nosotros, no a Dios.

Pero este año, al considerar a qué renunciar, recordemos que para muchos "pasar hambre" no es un ejercicio espiritual, sino una realidad cotidiana. En todas las comunidades, las familias luchan por llevar comida a la mesa. Algunos padres se saltan comidas para que sus hijos puedan comer. Esto ocurre aquí, entre nosotros.

Isaías nos recuerda que la verdadera adoración significa "compartir tu pan con el hambriento" (Isaías 58:7). La Cuaresma no consiste sólo en abstenerse; consiste en actuar. Cuando ayunamos, probamos una fracción de lo que otros soportan, y eso debería movernos a la compasión. Puede llevarnos más allá de la caridad, hacia la justicia: construir relaciones más allá de las divisiones, apoyar a los bancos de alimentos y trabajar por una sociedad más justa.

Así que esta Cuaresma, no te limites a renunciar a algo, devuelve algo. Observa las pequeñas bendiciones: un hogar cálido, una comida, una sonrisa. Deja que la gratitud inspire generosidad. Como rezaba John Wesley:

"Haz todo el bien que puedas,

Por todos los medios que puedas,

De todas las maneras que puedas...".

Que esta Cuaresma sea una temporada de luz, en la que nuestro ayuno abra nuestros corazones al amor, y nuestro amor traiga esperanza a los necesitados.

Rev Carla Vicencio Prior

Boliqueime y St Lukes Palhagueira